CAMINO DE LA COSTA

Junto a la ruta primitiva y al camino francés, otro itinerario jacobeo adquirirá notable influencia a partir de los siglos XII y XIII. Se trata del camino costero, que discurre a lo largo del litoral vasco, cántabro, asturiano y gallego. Las referencias documentales que atestiguan la existencia de tramos costeros de Camino de Santiago aparecen ya en el siglo IX y X, aunque no será hasta las décadas centrales de la Edad Media cuanto se fragüen estas rutas.

La formación de este camino costero se vincula de manera clara con el fenómeno de la repoblación y articulación de los territorios septentrionales de la Península impulsado de manera notable por los monarcas castellanos de la plena Edad Media. Territorios hasta el siglo XII marginales y escasamente poblados, sometidos a la amenaza constante de piratas musulmanes y normandos, son desde esa centuria objeto de una intensa política de patrocinio regio que tiene su reflejo más palmario en las múltiples villas de la costa cantábrica ahora creadas o beneficiadas por la concesión de generosos fueros. El asentamiento de nuevas gentes en la costa y la consiguiente mejora de las comunicaciones entre las recién surgidas poblaciones contribuirá de manera evidente a reforzar un camino costero continuo que desde las estribaciones occidentales de los Pirineos permitirá al romero acercarse a Santiago.

Fue durante siglos el costero un camino difícil y de complicado tránsito dada la gran irregularidad de un territorio intermitentemente interrumpido por profundas rías y estuarios que con demasiada frecuencia obligaban al peregrino a tomar una barca o a realizar largos rodeos que alargaban notablemente una ruta cuya extensión aproximada es de 765 kilómetros.

Estas peculiares y adversas características físicas provocaron que con frecuencia el peregrinaje por la ruta costera septentrional se realizara de manera mixta por tierra y mar, recurriendo incluso a la navegación de cabotaje, que desde época romana había sido un medio de transporte seguro y rápido. El efectuar parte de la peregrinación por mar suponía aumentar la comodidad y rapidez del itinerario, reduciendo los riesgos de ataques bandoleros y disminuyendo los habituales pagos de impuestos, caso de los portazgos.

Especialmente abrupto era el transcurrir del camino costero por el litoral guipuzcoano, en el que tras la desembocadura del Bidasoa el caminante se encontraba con los nuevos obstáculos, en forma de río, del Oiartzun, Urumea, Oria, Urola y el Deba, mejorando un tanto la situación en Vizcaya, con su costa mucho más suave.

Innumerables son las villas y ciudades costeras que se suceden en el transcurrir del camino de Santiago costero vasco, entre las que destacan puertos de la importancia de Hondarribia, San Sebastián, Zarautz, Zumaia o Getaria. También Bilbao y Gernika-Lumo tienen especial relevancia en la ruta jacobea vasca.

Además de la costera otra ruta discurre por el País Vasco. Se trata de la que desde Irún se interna por Guipúzcoa y Álava siguiendo antiguas calzadas y caminos de pastoreo, y que atraviesa lugares de la significación de Hernani, Tolosa, Ordizia o Vitoria hasta desembocar en el camino francés.

Por su parte, el camino costero continúa por el litoral de Cantabria a través de villas de la importancia de Castro Urdiales, Laredo, Santoña, Noja, Santander, Santillana del Mar o San Vicente de la Barquera. Está muy documentada desde finales de la Edad Media la llegada de numerosos barcos con peregrinos procedentes de toda Europa a los principales puertos cántabros, desde los que se seguía la ruta a pie o bien recurriendo a la navegación de cabotaje.

Varias rutas enlazaban la costa cántabra con el camino francés, destacando la que desde cerca de San Vicente de la Barquera y a través de las cuencas de los ríos Nansa y Lamasón discurría por localidades como Castro o Potes hasta llegar al importante monasterio de Santo Toribio de Liébana, nacido en el siglo VI y que desde entonces e ha convertido en uno de los principales santuarios del norte de España gracias al fragmento del Lignum Crucis que atesora, el mayor del mundo.

En la ría de Tina Mayor se inicia el tramo asturiano del camino costero, en el que, al igual que en los casos vasco y cántabro, se suceden villas y ciudades de honda historia jacobea, como Llanes, Ribadesella, Gijón, Avilés o Vegadeo, siendo varios, además, los enlaces existentes con Oviedo y su catedral de San Salvador.

Otra ría, la del Eo, marca el límite de Asturias con Galicia. Se suceden en esta ruta norteña de Lugo localidades de la importancia de Ribadeo, Vilanova de Lourenzá o Mondoñedo, para discurrir a continuación el Camino de Santiago por la gran llanura lucense, la Terra Chá, con su centro neurálico situado en Vilalba. Poblaciones como Baamonde, Guitiriz o Sobrado dos Monxes se suceden hasta llegar a Arzúa, donde el camino costero se vuelve a encontrar con la ruta francesa, ya cerca de Santiago de Compostela.